Mientras los laboratorios argentinos cumplen todo, los de afuera entran por la ventana.
En Argentina, desarrollar una vacuna veterinaria lleva años. Los laboratorios nacionales deben presentar estudios de eficacia, realizar ensayos clínicos locales, validar sus procesos de fabricación, y someterse a auditorías del Senasa. Todo esto tiene un costo alto y un plazo largo, pero garantiza calidad y seguridad sanitaria.
Con las nuevas resoluciones, sin embargo, se abrió un canal que permite que laboratorios extranjeros ingresen sus productos en apenas 30 días, simplemente por estar aprobados en un “país de referencia”. No se exigen pruebas de campo ni adaptaciones a las condiciones sanitarias locales.
Esta asimetría rompe las reglas del juego. Las empresas argentinas compiten en desventaja, con mayor carga regulatoria y menor margen. El resultado es predecible: baja rentabilidad, riesgo de cierre de líneas productivas, y pérdida de una base tecnológica que hoy exporta conocimiento y genera divisas para el país.





