El mandatario venezolano quedó en el centro de un escenario judicial inédito luego de que se recordara que la legislación estadounidense contempla la pena capital para delitos de narcotráfico agravado, aunque su aplicación es excepcional.
La situación judicial de Nicolás Maduro volvió a escalar en la agenda internacional tras conocerse que, en caso de ser declarado culpable por narcotráfico en tribunales federales de Estados Unidos, podría enfrentar penas extremadamente severas, entre ellas la posibilidad teórica de una condena a muerte.
Según el marco legal estadounidense, los delitos de narcotráfico vinculados a organizaciones criminales transnacionales, especialmente cuando se los encuadra como “empresa criminal continua” o se los asocia a actos de narcoterrorismo, habilitan sanciones máximas. Si bien la pena capital es poco frecuente en este tipo de causas, su sola mención refleja la gravedad de los cargos que pesan sobre el líder venezolano.
El proceso judicial se apoya en investigaciones que desde hace años vinculan a Maduro y a altos funcionarios de su entorno con redes internacionales de tráfico de drogas. Desde Caracas, el gobierno rechaza de plano las acusaciones y las define como una maniobra política impulsada por Washington para desestabilizar al régimen.





