Los Seahawks se llevaron el trofeo Vince Lombardi apoyados en una defensa dominante y una actuación histórica de sus equipos especiales.
En una noche marcada por el dominio defensivo, los Seattle Seahawks superaron ampliamente a los New England Patriots con un marcador final de 29-13. La clave del partido residió en la incapacidad de la línea ofensiva de los Patriots para contener el «pass rush» de Seattle, que golpeó sistemáticamente a Drake Maye y limitó el juego terrestre de los de Massachusetts a apenas 79 yardas totales.
El corredor Kenneth Walker III fue una de las piezas fundamentales para desgastar la defensa rival, sumando acarreos clave que permitieron a los Seahawks controlar el reloj de posesión (33:11 minutos). Aunque Sam Darnold lanzó solo un pase de touchdown (hacia AJ Barner), la efectividad de los equipos especiales con Jason Myers (5 de 5 en goles de campo) aseguró que cada incursión en territorio enemigo sumara puntos en la pizarra.
La victoria de Seattle no solo les otorga su segundo anillo de Super Bowl, sino que también consagra a Mike Macdonald como uno de los entrenadores más jóvenes en alcanzar la gloria. Los Patriots, que buscaban su séptimo título, se vieron superados en todas las líneas y no lograron encontrar ritmo sino hasta los minutos finales, cuando la ventaja de 29-7 ya era insalvable.





