El bloque Provincias Unidas, del cual Schiaretti y los diputados llaryoristas son pieza fundamental, enfrenta su primera gran crisis interna. La decisión de no votar en bloque la reforma laboral pone en duda la viabilidad de este espacio como una tercera fuerza con capacidad de decidir el rumbo de las leyes.
Sin el apoyo unánime de Córdoba, el Gobierno nacional pierde una base de sustento que consideraba segura. La fractura expone que los intereses provinciales no siempre coinciden con la agenda de ajuste y reforma que propone el Poder Ejecutivo desde Buenos Aires.
El impacto se sentirá en las próximas sesiones, donde temas como el presupuesto y las privatizaciones volverán a poner a prueba la cohesión de estos bloques intermedios. Por ahora, el «cordobesismo» ha demostrado que no será un aliado automático del oficialismo nacional.





